LIBROS
Y NACIÓN
¿Se podría resumir una nación con un
libro? Algunos archiveros de la vida, dicen que sí: Goethe (Alemania), Quijote
(España), Shakespeare (Piratas land), Tolstoi (Rusia)…Mallarme (Francia) y demás
ejercicios del resumen.
¿Cuál es nuestro libro madre o rector?
Hay un ganador, por imposición del tiempo, el canon y la historia. “Martín
fierro”, esa obra maestra escrita en octosílabas, rimosa (acción y
efecto de escribir en rima) no tiene nada que ver con los “mimos” que están detrás de la pared. El Martín fierro fue Escrito
por José Hernández con la intención de denunciar el atropello que venía
sufriendo el gaucho en nuestras pampas. Le paso lo que a las grandes obras, el
personaje cobra vida, y se hace más grande que el autor. La idea de una ficción
que supera la realidad.
El otro libro que pelea por la
fundación de la patria, es el “Facundo” de Sarmiento. El cual Borges, introdujo
el dedo en la llaga, al preguntarse por esta doble oferta: “No diré que el Facundo es
el primer libro argentino; las afirmaciones categóricas no son caminos de
convicción sino de polémica. Diré que si lo hubiéramos canonizado como nuestro
libro ejemplar, otro sería nuestra historia y mejor” o tirando otra piedra: “El Martin fierro es un libro muy bien
escrito y muy mal leído. Hernández lo escribió para mostrar que el ministerio
de la guerra --uso la nomenclatura de a
la época- hacía del gaucho un desertor y
un traidor; Lugones exaltó ese desventurado a paladín y lo propuso como
arquetipo. Ahora padecemos las consecuencias” (Borges)
La idea de ambos libros como dos
libros de Sociología Argentina, trae el ejercicio de pensarnos desde entonces.
Hoy vamos a tratar de invitar a todos a la lectura del Martín fierro, como
ejercicio acético al cacho argentino que todos llevamos dentro.
En
el principio era el Martín Fierro
¿Qué es? Una epopeya de las pampas.
Éste libro explica quiénes somos, quienes fuimos y quienes queremos ser, como
dicen los críticos. Es nuestra biblia. Tiene un valor humano, estético y
político. La literatura antes, era menos ficcional, y estaba tamizada por lo
política. Hernández La escribió en un hotel. Tomaba lo que veía y lo convertía
a música. Hernández, como dijimos, escribe en defensa del gaucho, su falta de
derechos y su miseria. El acto estético que consideró fue tomar la tradición y
modificarla. Si sus predecesores, resaltaban lo festín en el gaucho, su
derrotero de vida, sus ganas de tomar y de pelear. Hernández quería que
tomáramos en serio al gaucho. Hizo como Cervantes con su Quijote pero al revés.
Lo mostraba como un ser sufriente y llorón. El Martin fierro tiene una IDA y
una VUELTA. Escrita en años diferentes. Donde el Martín fierro va contando su
vida y sus mudanzas.
IDA
(1872): Martín fierro cuenta su vida como trabajador sumiso y en paz. Donde
era feliz en su rancho, con sus hijos y la china. Luego, es arrebatado y se lo
llevan a la frontera para peliar contra el indio. Por la autoridad (el juez).
Meses penando y huye. Vuelve a su rancho y no hay nada. Se convierte en un
matrero. Vienen sus días de barbarie, de soledad en el desierto “donde se hace más malo que una fiera” Donde
el Sargento Cruz dice: “no voy a
consentir que muera un valiente” y
pasa de bando y se pone a luchar a la par de Fierro. Y luego se hacen “Stalker” de las pampas.
VUELTA
(1879): La segunda parte pierde un poco el aura de gaucho “ingobernable”,
donde se comienza el cuidado al gaucho. “Ahorra en gaucho” más o menos. Empieza
la justificación de no matar al gaucho, por lo económico “ojo; es el que sabe manejar el campo, el gringo no sabe”.
Lo cuida por el bien de la nación. Cambio
el perfil ideológico. “Adáptate o perece”. Rompe con la rebeldía. Que piense en
el futuro de sus hijos. Se vuelve un Gaucho tanguero y nostálgico.
Termina como un Gaucho amaestrado.
Parece ser que a todos nos llega la domesticación. Que la rebeldía es cosa de
juventudes, y después se vuelve uno en un oficinista de la vida: “por el futuro
de mis hijos”, pensando en el bien de la nación o “los suyos” y en el horario
de llegar a tiempo a la oficina y ver en como se incrementa la fortuna
personal.
La otra cosa, que resalta Borges, es
que de obras maestras de este tenor, suelen nacer otras nuevas obras maestras: “El Payador” de Lugones y de Ezequiel
Martinies Estrada: “Muerte y Transfiguración
del Martin fierro”; Carlos Astrada con su “Mito Gaucho”, “Martincito fierro” de Osvaldo Guglielmino; Leopoldo
Marechal con su Ensayo “Simbolismo del Marín Fierro” y más… Siempre parece que el mundo está
dispuesto a hacer remake de todo lo simbólico en una nación. A veces con más fuerza, y otras con la
intención nomás de hacer guita.

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